Expedición 2004 - Madagascar / El diario

Destino: Península de Ampasindava, al noroeste de Madagascar
Estación: Estación seca
Fecha: Junio-julio 2004
Objetivo: Explorar la biodiversidad herpetológica y la ecología

Subiendo por el río Kongony en una piragua donde apenas caben dos personas. Estas piraguas están hechas de un solo tronco de árbol

En Junio de 2004, la expedición de Exo Terra salió de París hacia una de las más remotas e inhóspitas zonas de la 'Isla Roja': Madagascar. El equipo de expedicionistas requirió de 4 vuelos, un viaje por el océano de 10 horas y varias horas en piragua a través de los canales naturales de la densa selva de manglares, hasta que finalmente pudieron instalar el primer campamento. Aunque se suponía que era la estación seca, no fue así. Las carpas tuvieron que levantarse bajo un aguacero y los aparatos estaban todos empapados. Con todo mojado, lo único para lo que servían las carpas era para protegernos contra las picadas de los millones de mosquitos. Madagascar es una de las áreas con mayor riesgo de malaria en el mundo.

 

La mañana siguiente se mostraba más prometedora, a medida que los fuertes rayos del sol hacían despertar temprano a los miembros del equipo. Este temprano comienzo hizo posible que alcanzáramos nuestro destino final ese mismo día, la loma de una montaña cubierta con una selva tropical primitiva. La primera parte de este viaje fue fácil, o al menos no fue agotadora, ya que lo hicimos en piraguas por el río Kongony. Este río es uno de los únicos lugares en Madagascar donde aún se halla el cocodrilo del Nilo en grandes cantidades. Considerando el tamaño de las piraguas (más pequeñas que los cocodrilos más grandes) ¡es en verdad para asustarse! La segunda parte de la travesía se realizó a paso de tortuga y escalando 10 kilómetros hasta la cima de la montaña, la cual se halla a una altitud de 500 metros. Una pequeña área dentro de la densa selva se limpió de ramas y lianas para instalar allí el segundo campamento. El claro cielo permitió encender una fogata y preparar uno de los alimentos congelados, un espagueti a la boloñesa.

Bemanivika, una de las villas que se hayan cerca del río

La comida le dio energías al equipo para realizar su primera inspección nocturna en los alrededores del campamento. Como esta área permaneció inexplorada por los herpetologistas y biólogos, no sabíamos exactamente con qué clase de especies nos encontraríamos, pero sospechábamos de la existencia del Uroplates o el gecko cola-de-hoja de Madagascar. El problema para encontrar estos geckos se debe a su increíble capacidad de camuflaje. Cuando se hallan sobre el tronco de un árbol, éstos se mezclan perfectamente con la corteza del árbol junto con sus líquenes y musgos. Durante sus horas de actividad nocturna, son más fáciles de localizar gracias a su forma particular y a lo blanco de su abdomen. Alguna de estas especies gigantes como el Uroplates henkeli, fueron hallados cazando insectos. La búsqueda del pequeño Uroplates ebenaui no fue exitosa, pero otros miembros de la familia de los geckos como el Paradoera oviceps y el Geckolopis maculata sí pudieron ser localizados.

Un gecko cola-de-hoja bien camuflado, el Uroplates henkeli

Un gecko cola-de-hoja en contraste con un palo de bambú verde

 

El Furcifer oustaleti gigante fue visto varias veces durante la expedición

El llamativo Phelsuma klemmeri

 

A la mañana siguiente cada uno de nosotros estaba ansioso por explorar el área durante el día y el cielo azul parecía prometedor. Durante el desayuno, que consistió de galletas con miel, se determinaron las áreas a ser exploradas y se planificaron las actividades de los próximos días. El primer micro-habitat a investigar fue un enorme sembradío de bambúes que se hallaba dentro de la selva primitiva. Eran bambúes medianos, aproximadamente de 5 cms (2 pulgadas) de espesor, de 6 a 7 metros de alto que crecían muy juntos unos a otros. Los palos de bambú muertos se hallaban enmarañados, entrelazados como un juego gigante de Mikado. El primer reptil que se visualizó fue nuevamente el Uroplates henkeli, que se hallaba durmiendo sobre un bambú verde. El reptil fue fácilmente ubicado porque sus colores marrones y patrones de camuflaje contrastaban con verde del bambú. Más o menos al mismo tiempo, se encontró la primera especie de gecko selvático del día, un Phelsuma seippi, que parecía preferir los bambúes de tamaño medio. Un fuerte aguacero hizo que esta interesante exploración terminara temprano.

Algunos miembros del equipo en el segundo campamento en la selva lluviosa tropical

Las lluvias de la tarde crearon las condiciones perfectas para poder localizar anfibios durante la noche. En esa noche en particular, la humedad alcanzó cerca el 100% y a través de la selva, un coro de cientos de ranas crearon una atmósfera placentera. Escuchamos a muchas más ranas de las que vimos en realidad. No es de extrañarse saber que muchas de estas ranas pertenecen a las especies más pequeñas del mundo y viven entre las hojas del suelo de la selva.
Fuimos afortunados en localizar a la pequeña Stumpifia pygmaea (1 cm. ó 1/2 pulgada), la rana más pequeña de Madagascar. También se registraron por primera vez en esta parte de Madagascar varias ranas arbóreas como la Boophis tephraeomystax y la Mantidactylus sp.

El sol ya estaba presente cuando el grupo abrió sus carpas a la mañana siguiente. Después de refrescarse en el arroyo de la montaña, el equipo nuevamente se dirigió al sembradío de bambúes que ya había sido parcialmente explorado el día anterior. Al llegar al sitio, uno de los miembros del equipo notó que tenía una sanguijuela adherida a su pie. Este parásito probablemente estaba esperando a su víctima en el arroyo de la montaña donde nos habíamos bañado con anterioridad. La sanguijuela fue removida con un cuchillo caliente, y el grupo pudo comenzar la exploración. Enmanuel, el gerente de Exo Terra y líder del grupo, localizó un pequeño gecko verde, pero antes que pudiera echarle un vistazo más de cerca, el animal se desvaneció entre las pequeñas hojas del bambú. Búsquedas extensas del animal u otras similares fueron infructuosas, pero todos estaban dispuestos a encontrar uno de estos pequeños geckos verdes. Ciertamente parece una especie aún sin descubrir. Sin embargo, durante la búsqueda, se halló el más llamativo de todos los geckos de vida diurna, el Phelsuma klemmeri. Ciertamente ésta fue la primera observación de esta especie en su hábitat natural desde que fue descubierta en 1991. Observar a estos geckos de color azul metálico con sus cabezas amarillas, fue algo verdaderamente excitante para todos los miembros del grupo y fue uno de los rasgos sobresalientes de la expedición. Otros miembros de la familia de los geckos que se hallados ese día fueron el gecko gigante diurno Phelsuma madagascariensis grandis y el Phelsuma laticauda laticauda. Desafortunadamente el pequeño gecko verde que observamos la primera vez, no pudo ser hallado nunca más.

Pocos días después durante otro intento por encontrar al 'verdecito' (el grupo así llamó al escurridizo gecko), el equipo salió del campamento base muy temprano para poder llegar al sitio durante el amanecer. Cada miembro del grupo tomó posición debajo un sembradío específico de bambú. Enmanuel observaba el sembradío donde el 'verdecito' había sido visto por primera vez.

El Phelsuma vanheygeni recién liberado, descubierto durante la expedición y catalogado como Van heygen por Enmanuel, el gerente de Exo Terra

Tuvo que esperar hasta las 10 en punto antes que la pequeña criatura al fin apareciera nuevamente! Pero esta vez era cierto, ¡una nueva especie de gecko de vida diurna había sido descubierta! Le tomó al equipo otras dos horas capturarlo, para estudiarlo y fotografiarlo posteriormente. La alegría entre los miembros del grupo era grande y uno de nuestros amigos malgaches volvió al campamento a buscar algunas cervezas frías, vegetales semi-frescos y dos latas de sardinas mientras que los otros construían una mesa, las sillas y hasta cubiertos hechos de bambú. La mesa fue cubierta con una hoja gigante de palma de viajero y de repente, esta área del bosque húmedo parecía un salón de baile. ¡Esto había que celebrarlo! Como postre, se sirvió un panal con deliciosa miel.

Celebrando el descubrimiento de la nueva especie en una mesa para cenar improvisada

 

Después de este día exitoso, la expedición de Exo Terra desinstaló el campamento y se mudaron hacia el sur a la villa de Bemanivika donde esperábamos conseguir algunos suministros como agua embotellada y vegetales. Ya sabíamos que no íbamos a conseguir bebidas frías ya que no hay electricidad en la península. Después de encontrar lo que estábamos buscando, la expedición tomó rumbo nuevamente hacia la selva para hallar un sitio donde establecer el nuevo campamento. Esa noche, se discutió bastante sobre el hallazgo del día anterior junto a la fogata, ya que constituía el suceso más sobresaliente de la expedición de Exo Terra.

Por la mañana, la selva estaba hermosamente iluminada por los primeros rayos solares que pasaban entre las lianas y hojas de los grandes árboles. Cerca del campamento, se localizó un nuevo sembradío de bambúes y muchos de nosotros estabamos ansiosos de darle una mirada más de cerca.

Lo que nos tomó varios días, todas las especies que observamos durante la semana pasada, volvimos a encontrarlas nuevamente aquí en gran cantidad, incluyendo al 'verdecito' y al escurridizo Phelsuma klemmeri. De repente, lejos del bambú, en un árbol de palma, ¡pudo observarse otro pequeño gecko verde! Se estaba asoleando en la parte más alta, sobre una de las hojas más grandes. Pensamos que no tendríamos suerte de llegar ahí. Pero uno de los malgaches rápidamente se convirtió en un lemur y escaló hasta la parte alta del árbol de forma inmediata; arrancó la hoja y la lanzó al suelo junto con el gecko que aún se hallaba sobre ésta. Para sorpresa nuestra, también había otra especie de gecko, el Phelsuma quadriocellata parva, la cual, hasta el momento, sólo había sido encontrado en la costa este de Madagascar. No se tenía registros de algún hallazgo en la costa nororiental.

Durante los siguientes días y noches se estudiaron otros micro-hábitats, donde se encontraron muchos reptiles y anfibios. Como estábamos en la estación de sequía, sólo unos pocos camaleones pudieron ser vistos, como el Furcifer oustaleti pardalis o camaleón pantera, y el pequeño y raro Calumma boettgeri. Debimos esperar para un mayor descubrimiento, el cual ocurrió el último día de estadía en la selva. Escondido entre las hojas, descubrimos una boa de más de 2 metros (7 pies) de largo, la Acrantophis madagascariensis, la cual se hallaba esperando a su presa. Ya cansados, todos nos fuimos a dormir temprano, ya que el día siguiente debíamos caminar durante varias horas hasta llegar donde las piraguas que nos esperaban en el río Kongory.

Desmontando el campamento

La Acrantophis madagascariensis

 

Antes que se levantara el sol, la expedición salió de la selva primitiva, anhelando darse un chapuzón en el mar, pero antes debíamos salir a duras penas de los manglares nuevamente. El grupo se hallaba tranquilo a medida que atravesábamos con las piraguas los densos manglares. El silencio se rompió abruptamente tan pronto llegamos nuevamente a la playa y al mar abierto. Era la primera vez que podíamos bañarnos con seguridad en el agua sin el temor de las sanguijuelas o los cocodrilos. Todos disfrutamos de dos días más en esta remota y preciosa playa tropical. Alguno de nosotros no pudo resistir el deseo de investigar entre los arbustos y árboles que se encontraban más allá de la playa, mientras que otros disfrutaban del azul turquesa del océano.

Un bote apareció en el horizonte, seguramente viajaba más rápido que las pequeñas piraguas locales, gracias a su velas de forma cuadrada. Todos nos dimos cuenta que éste era el final de un viaje extraordinario dentro de los más remotos rincones de Madagascar. El bote nos trajo de vuelta a la civilización donde nos esperaba un baño caliente y una cerveza bien fría.

Uno de los tantos cocodrilos en el río Kongony, más grande que nuestras pequeñas piraguas

Equipando las primeras piraguas con el equipo que se llevará hasta la costa a través de los manglares

 
 
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3er descubrimiento de una nueva especie durante expedición